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Ayotzinapa: lugar de tortugas. 1926 – 2010: 84° aniversario

Si bien es complicado recordar lo que se ha olvidado, lo es aún más, recordar cómo y por qué se ha olvidado.

No por qué se olvide la historia, esta deja de existir, por el contrario incide mucho más cuando no se le conoce.

La historia de Ayotzinapa, se refleja a través de una trayectoria valiosa y llena de riquezas, también de limitaciones, de carencias de olvidos.

Ayotzinapa desde 1926, se ha proyectado como una institución formadora de hombres libres, íntegros, de profesionistas que sean dignos representantes de la carrera magisterial; hombres concretos, desarrollándose en situaciones concretas.

Ayotzinapa como Escuela Normal no es producto de las circunstancias de privilegios, porque desde que surge, sus decisiones han sido libres; luego entonces, Ayotzinapa nació libre y como una alternativa viable de cambio y transformación social.

Ayotzinapa: 84 años de servicio a la nación y a su juventud, sin declinar un sólo momento en su noble empeño por promover y difundir la cultura. 84 años de trabajo intenso que no han producido fatiga, sino que por el contrario, resultan estimulantes.

84 años en los cuales no ha habido espacio ni tiempo que no permitan a nuestra Escuela Normal redoblar esfuerzos cada día y a cada momento.

84 años en los cuales se ha propuesto con empeño ser diferente en lo ambicioso y también en lo organizativo.

84 años que con el continuo devenir de los días, los hechos consumados de tan fructífera existencia están registrados ya en la historia: 84 años de vida, 84 años de lucha, 84 años de esperanza, 84 años de esfuerzo y sacrificio, 84 años de afanes compartidos, 84 años forjando maestros; 75 generaciones de egresado, 75 capítulos escritos en la historia, 75 anhelos presentes; 5,400 maestros formados en sus aulas, 5,400 maestros que han llegado a los lugares más apartados de nuestro país. Para enseñar a leer y escribir el nombre de nuestra patria: ¡México!

Hay personalidades que con sólo su ejemplo educan.

El maestro Raúl Isidro Burgos Alanís, fundador de nuestra Escuela Normal fue uno de esos raros y valiosos casos que honraron y aún siguen honrando a nuestra sociedad.

En estas fechas resulta imprescindible recordarlo.

Su vida fue siempre ejemplar, por la voluntad mostrada como prueba de profesionalismo y respeto a un ideal. Ideal que fue la construcción de un mundo nuevo, de una educación nueva, de un docente nuevo, nuevo como alternativa para propiciar que la cultura y la educación llegara a los más necesitados, y nuevo como una posibilidad para generar los espacios de reflexión y de acción.

Ideal que nunca fue presión sino fe; que nunca fue odio sino bondad; que nunca fue conveniencia sino convicción.

Maestro, modelo de sencillez y de humildad, que a través de sus obras útiles y costumbres irreprochables, fue entregando uno a uno sus mejores años, sus mejores días a la noble tarea de formar hombres o mejor dicho de contribuir a que éstos se formaran así mismos.

Maestro que fue llenando las hojas de los libros que cuenta la historia de buenas acciones; escribiendo renglones con mil esperanzas de justicia y libertad.

Grande fue su obra que tuvo la fortuna de ser río en lugar de ser laguna; de ser lluvia en lugar de ver llover; de ser águila y volar por las montañas; de ser paloma y ser amante de la paz.

Por todo esto y mucho más. Para el Maestro Raúl Isidro Burgos en todos los lugares y en todos los tiempos, vayan en este día 84 rosas como una muestra más de nuestra inolvidable admiración y respeto.


Víctor Manuel Nava Astudillo, 28 de marzo de 2010